Desde una perspectiva humana


Photo by David Marcuon


Ante la crisis climática, los nos humanos, como siempre, buscamos a quién echarle la culpa. A quien acusar de nuestros problemas. Culpamos al sistema, a los empresarios, a los políticos, de quienes decimos: no nos representan; pero que si lo hacen. ¿Acaso, no decimos que para muestra un botón? Buscamos convencernos de que no somos parte de ese “sistema”, que no consumimos, que no votamos, que con nuestras acciones no contribuimos a la tan repudiada codicia.


Si bien la revolución industrial representó el boom en la manera y el tiempo con que se hacían y conseguían las cosas (y con cosas me refiero a bienes, servicios, productos y también a las metas u objetivos); la revolución digital va mucho más allá. La velocidad de la comunicación, de la oferta, de la demanda, el salto definitivo a la globalización tiene tiempos que hace unos años o incluso meses atrás eran impensables. A la velocidad de un parpadeo, nos dejamos llevar por la corriente de un mundo que cada día demanda más y más, tanto del planeta como de nosotros mismos. No nos detenemos ni a pensar, por tanto, mucho menos a decidir.


Sin embargo, yo no creo que el cambio climático sea producto únicamente del comportamiento de la especie humana. La tierra en su conjunto es un sistema cíclico del cual nosotros solo somos una parte, al principio pequeña y ahora un poco más grande. El cambio climático que estamos experimentando no es exclusivo de nuestra era. Aunque sea nuevo para nosotros como especie, igual que para muchas otras; no es nuevo para el planeta. La naturaleza es algo a lo que solo llegaremos, quizás, a acercarnos en nuestro afán por crear; y con lo que nunca podremos competir, por ende, mucho menos controlar. La Tierra estaba aquí cuando llegamos, y muy posiblemente será ella quien nos salga a despedir. Sin ser pesimista, pues el tiempo anterior ni el posterior están al alcance de la visión humana.


Entonces, mientras estamos aquí, ¿Qué podemos hacer? Yo admiro y felicito a todas aquellas personas, que en su humanidad han sentido ese llamado a salvar el planeta, a protegerlo, a cuidarlo. Que se han dedicado a decir, incluso a gritar, (ahora mientras edito esto, 28 de marzo 2020, diría yo que a avisar): -Hey, señores, ustedes, nosotros, todos! Estamos haciendo algo mal. El planeta está sufriendo y en consecuencia vamos a sufrir también nosotros- Claro, porque somos parte del todo. No obstante, aquellas medidas y propuestas de sostenibilidad y cuidado a la naturaleza no servirán más que para devolver al planeta su delicado equilibrio, creo que siempre debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para sumarnos a la búsqueda de ese balance. En Construir-Habitar-Pensar, Heidegger dice:


“El cuidar, en sí mismo, no consiste únicamente en no hacerle nado a lo cuidado. El verdadero cuidar es algo positivo, y acontece cuando de antemano dejamos a algo en su esencia; cuando, en correspondencia con la palabra, lo rodeamos de una protección, lo ponemos a recaudo”.


Si como humanos entendiéramos que el cambio medioambiental que se avecina es inminente, algo me dice que además de cuidar, lo que urgentemente deberíamos hacer es preparar. Prepararnos.


Las teorías científicas más aceptadas plantean que la supervivencia se ha basado en la selección natural. Que no es una fórmula de la naturaleza para decir este es más bonito ni este me gusta más; sino que es un fenómeno espontáneo mediante el cual sobreviven los más aptos. Es decir, los que mejor se adaptan a los nuevos desafíos, que en términos de la naturaleza no son nuevos, pues ya dijimos que son cíclicos. Pero que son nuevos o desconocidos para nosotros, más aún si somos humanos del siglo XXI, desconectados de toda la sabiduría original, analfabetos de la gran historia.


Si por alguna razón nos vemos sorprendidos por esa crisis que se anuncia: ¿Quiénes serán aquellos que por ser más aptos han de sobrevivir? Y si viven, ¿Cómo se harán, para entre ellos, conformar una nueva humanidad? ¿De cuáles herramientas podríamos dotarlos o dotarnos por si nos alcanza el reinicio?


Creo que como a aquellos activistas medioambientales, la Naturaleza trata decirnos muchas cosas por muchos medios. Entre ellas que hemos perdido el enfoque sobre lo debería ser esencial para nosotros: la humanidad. Que a lo que realmente deberíamos dedicarnos es a ser humanos, a celebrar nuestra vulnerabilidad, a deleitarnos con nuestra humanidad. Pues nos ha permitido comprender algunas de sus leyes para que podamos construir y protegernos, proteger nuestra fragilidad. Que revisemos lo que hemos empezado a transmitir de generación en generación, porque ella no quiere que seamos los más fuertes, ni los más rápidos, nos quiere y necesita tal como somos. Nos invita, por medio de las tendencias, a cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, así como ella se encarga de cuidarse ella misma, a nosotros y a todos los seres que la habitan.


Sobre todo, nos orienta a que volvamos a educar sobre lo vital, sobre lo que nos hace únicos. Esas capacidades que hoy llamamos blandas y que son exclusivas de nuestra especie: la empatía, la bondad, la solidaridad, la admiración, la creatividad y otras tantas. La más importante, el amor. Y otras no tan exclusivas como el trabajo en equipo, la colaboración y la cooperación.


Así, cuando unos pocos nos encontremos, solos otra vez, frente el mundo; podamos darnos cuenta de que algunos tienen fortalezas donde otros tenemos debilidades. Unos podrán defender al grupo de las fieras porque estarán muy fuertes mientras otros se las ingeniarán para construir nuevos refugios y puentes, solo por poner ejemplos. Algunos cantarán, tocarán o bailarán para mantener cálidas las almas, con la esperanza de que no importa si el mundo se acaba y vuelve a comenzar, esta vez sabremos que somos parte de un alma más grande, que está en todas las cosas. Un alma que no es pasiva sino guerrera, revolucionaria. Capaz de sacudirnos, de dar la vida, pero también de quitarla. Un alma que juega bajo sus propias reglas y que constantemente nos habla. Ojalá, esta vez, vayamos a un ritmo que podamos escucharla.

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